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POCO VALOR Y MENOS VERGUENZA

“Salud, democracia y buenos alimentos”, este ha sido y continuará siendo el objetivo de la campaña que ha realizado la plataforma Som Lo que Sembrem

. Nos planteamos un mecanismo legal y democrático de participación ciudadana para hacernos oír, por eso se llevó a cabo una ILP, se ha hecho campaña durante dos años, hemos trabajado para que la gente empiece a oír hablar de los transgénicos, hemos trabajado para dar información a la ciudadanía, y lo hemos hecho todo libremente, sin presiones ni intereses económicos de ningún tipo porque nuestro único objetivo es la defensa de la salud que pasa por un nuevo sistema  agroalimentario, lo cual no pueden decir ni muchos políticos ni muchos científicos de este país. Esta es la triste realidad, la “bestia diabólica” ganar dinero con las patentes de los transgénicos hace tiempo que ha llegado a nuestro país y parece que se ha instalado cómodamente. Esta es la conclusión que hemos sacado del resultado de la votación en el pleno del Parlamento catalán. Poco valor han demostrado PSC, CiU y PPC cuando votaron a favor del veto a la totalidad. Poco valor para discutir un tema tan polémico y controvertido pero con tantos intereses económicos detrás. Poco valor y poca vergüenza cuando ignoran más de 105.000 firmas y no admiten a trámite la discusión. Como decía el diputado Pané: “tienen pereza para pensar en un nuevo sistema agrario catalán”, tan y tan necesario y urgente –según Martí Boada, premio Nobel alternativo.

Que la ciencia avanza y nos beneficiamos de ello cada día es cierto y no estamos en contra de ello. Pero cuando la ciencia sólo se interesa por el rendimiento económico, entonces es peligrosa. El maíz transgénico MON 810 que ahora se cultiva en Cataluña y Aragón sólo es necesario porque la agricultura actual –industrial, intensiva, mecanizada, antinatural- ha dejado de hacer las rotaciones tradicionales de cultivos y opta por agotar la tierra hasta el infinito, y en consecuencia la tierra responde con las mismas armas y promueve las plagas. Esto lo saben los investigadores agrarios pro transgénicos, pero lo callan porque la rotación de cultivos no es una patente que dé dinero, la simiente transgénica sí que da beneficios. Este es el quid de la cuestión. Y además, las patentes tienen fecha de caducidad, con lo cual no hay tiempo para muchas investigaciones –esto lo dice el señor Bueno, científico pro transgénicos- y salen a la calle como salen, es decir, sin la seguridad suficiente. Ya tenemos el antecedente del maíz Bt176 que tuvo que ser retirado de los cultivos por toxicidad demostrada a posteriori.

Otro detalle, el precio de la simiente ogm es 16 veces superior a la producida y guardada por el agricultor de una cosecha para la siguiente. Es más, hay que comprarla cada año porque es estéril, no se puede reproducir, con lo cual el agricultor pasa a depender de por vida de la voluntad de las multinacionales que puede llegar a ser inescrutable. Y lo peor, a mi parecer, es que se niega la vida tal y como nos la han regalado y como la hemos conocido hasta nuestros días, simientes que germinan año tras año.

Sólo me queda manifestar por un lado el orgullo que siento por compañeros como Alexis Inglada, que con un discurso sereno y firme dejó boquiabiertos a muchos políticos presentes (lástima que el voto político les pese más que la conciencia); y por otro, la satisfacción de haber compartido cinco días de huelga de hambre con gente valiente y trabajadora, y agradecer las intervenciones de ERC, ICV-EUA y C’s a favor de continuar el debate de la ILP en el hemiciclo parlamentario y el posicionamiento a favor de un nuevo sistema agroalimentario.

Montserrat Esquerda miembro de la plataforma Som lo que Sembrem